Me levanto temprano a pesar de ser domingo. Ayer decidí dejar las drogas y no salí. Me quedé con mi abuela Claudia jugando a la Brisca. Le conté lo de dejar los vicios y se puso a llorar. Está convencida que no lo haré, y tengo ganas que confíe en mí. Reacciono distinto con los comentarios incrédulos acerca de mis intenciones: si lo consigo mi hermana se va a tragar la lengua y los brazos, para pasar a ser muda y mutilada.
Entre partida y partida le estuve contando cosas que aunque no las entienda y sean tan inmorales que dé vergüenza de la buena contarlas, solo ella va a hacer el esfuerzo de pensar que podría vivir lo mismo que yo y cometer las mismas memeces, sin por eso decapitarme. Así que le conté lo de las drogas y lo del culo de Javi. Me dijo que ella había estado obsesionada con el culo de un feriante durante años. Me sentí bien porque me entendía; era capaz de exprimir lo que le contaba y asemejar mis histórias de mierda con su bonita pasión por culo ajeno al de mi abuelo el Cara. Tuvo que dejar de pensar en esa raja de carne, y aunque pareciese imposible, lo consiguió. A eso quiero llegar yo, a dejar las rajas de coca, y la raja de carne de Javi en paz, y meterme de lleno a buscar un camino que sea mi guía.