Esta mañana he llamado a Sira. Le he contado lo de mi nueva vida que va en camino y que empezó ayer por la noche. Cuando colgué me lamenté por haberla llamado, porque la muy jodida no entiende nada. Es de esas personas que cuando les hablas piensan en sus uñas. No se enteraba de la profundidad de lo que le estaba contando. No entiendo cómo pude amar de ese modo a alguien tan corto. Y por eso la dejé, porque cuando la besaba notaba que en lo único que pensaba era en follar, y no en el mismo beso que le estaba propinando; en su textura y su olor. Nunca le daba importancia a las cosas por su misma esencia.
Sira me atrapó como un centrifugado de una lavadora. Es la vez que me he enamorado más rápido y con más entusiasmo, y la única vez que mi pasión iba en aumento. La conocí con Cuño; ibamos drogados hasta el peluquín. Después de deshacerme del amigo metementodo, nos enterramos en una habitación de una pensión de Madrid y no salimos pasados tres días. Lo que estuvimos haciendo parece obvio: drogarnos.
Sus padres se sintieron aliviados como nunca de nuestra ruptura, y decidieron que era un buen momento para que se fuera a la universidad; así que le pagaron la más cara de todas para hacer la carrera más fácil de todas: magisterio. Conoció muchas promociones... pero finalmente consiguió el título que tanto ansiaban sus padres. Fui a su graduación a lo yanki; a su padre no le hizo mucha ilusión verme por allí, pero a ella se le iluminaron los ojos, y a mi se me hizo pequeño el pantalón. Copa de Vermut en mano esperaba ansioso el momento de darle su merecida felicitación por tanto reto conseguido. Logré que sus padres se fueran en su coche son su niña y me dejaran transportar mi trofeo hacia Tránsito. Me la acabé follando en los asientos traseros de mi oscuro Seat Leon Supra en una estación de servicio Medas, con la atenta mirada de un foco de neón de dos pares de cojones de guapo que le iluminaba todo el trasero como si se tratara de un monologuista en un teatro de barrio. Al fin y al cabo, estaba contento que lo hubiera conseguido, de verdad; lo juro.